Trapalanda: la imagen de portada


Un aspecto relevante en el armado del libro "Trapalanda" y su consideración artística como objeto afín al contenido, fue indiscutiblemente el diseño de su portada y todos los aspectos gráficos relacionados, entre otros, la contraportada y la folletería promocional.

Los elementos utilizados para dicho fin fueron pocos, apostando por una sencillez casi minimalista: un indígena, una máscara antigases, un guanaco y una ruma de cráneos humanos. Una vez definido el concepto, la ejecución corrió por cuenta de Eladio Godoy Vera, quién plasmó dichas imágenes en 2 pinturas realizadas con óleo y acrílico en bloc entelado de 30 x 20 centímetros. Finalmente, se realizó el procesamiento de dicho trabajo en Photoshop, a fin de transformarlo a monocromo y superponer al fondo texturado rojo, seleccionado con anterioridad.

La imagen del indígena fue descubierta en la web Corpus Somnium,y según reza su leyenda explicativa, muestra a un Kon o chamán Selk´nam, cuya misión al interior de la comunidad era orientar a los cazadores y curar enfermedades. Recibían su poder de los espíritus de los "chamanes" muertos, quienes se les aparecían en sueños. La fotografía, por cierto, fue tomada por el padre Alberto María de Agostini hacia 1915 en la Isla Grande de Tierra del Fuego. Su elección tuvo que ver con el dramatismo de la pose y la profunda carga simbólica de esas manos en señal de rendición.

  La fotografía original del Kon.

El óleo original de Eladio Godoy Vera: el Kon y su máscara antigases
Un primer tratamiento digital de la imagen.


Lanzamiento de Trapalanda


Algunas visuales del lanzamiento de "Trapalanda", el pasado sábado 21 de diciembre en el salón de eventos Cormorán de las Rocas, en Puerto Natales. Presentó el poemario el amigo poeta Niki Kuscevic Ramírez ("Cadáver Lírico", "Estudio de una Imagen" y "Metalengüajes sobre el Fantasma del Faro Evangelistas", entre otras obras) y el número musical estuvo a cargo de Patricio Frías (alías Joey Selknam). 

La presentación.
La intervención del poeta Niki Kuscevic
La música de Patricio Frías
Panorámica del público asistente
Otros ángulos
Una breve lectura de textos.
Reunión de amigos. De izquierda a derecha:
Patricio Frías, Niki Kuscevic, el autor y Eladio Godoy Vera.
Los primeros ejemplares de Trapalanda.



Trapalanda: folletería promocional


Uno de los principales recursos de difusión para el proyecto "Trapalanda" ha sido la distribución de folletería gratuita, específicamente dípticos promocionales diseñados en la misma línea iconográfica de la portada.

la portada del díptico es un fotomontaje sobre un óleo
de motivo étnico original de Eladio Godoy Vera.

En el interior se incluyó una imagen de data inexacta, extraída
desde los anales del Museo de Historia Natural de Bruselas.

Finalmente, se incorporaron algunos datos duros de la
publicación, y también una miniatura del motivo principal
del libro



Trapalanda: coordenadas de lanzamiento



Sábado 21 de diciembre. Salón de eventos Cormorán de las Rocas,
Puerto Natales. Entrada liberada.



Algunos apuntes preliminares sobre Trapalanda


De todas las narraciones fantásticas que conforman el imaginario austral, siempre he sentido especial fascinación por Trapalanda -la Ciudad de los Césares-, aquella leyenda que habla de una ciudad utópica edificada con oro y plata en algún inaccesible lugar del territorio patagónico, y dónde conviven en total y longeva armonía indígenas (patagones o incas) y conquistadores (probablemente españoles) al margen de toda contingencia, sin atisbos de violencia o enfermedad alguna.

Al hacer memoria, puedo recordar que desde mi adolescencia no han cambiado los motivos de tal fascinación. En primer lugar, su parangón con leyendas de otras latitudes (El Dorado y Paititi en los alrededores de la Amazonía, y aún más lejos, Cíbola, Lemuria o incluso la Atlántida), lo que acaba configurando un tópico universal –el de la ciudad soñada- que aún hoy dista de ser simplemente una anacronía. Y en segundo lugar, su rol como contraparte de la historia oficial, su imagen ideal contrapuesta a la barbarie conquistadora. En palabras de Alfredo Joselyn-Holt, Trapalanda es “una pauta ideal de lo que sería la felicidad”, en cuanto proyecta alegóricamente un encuentro diferente entre dos civilizaciones –el Primer Mundo de los conquistadores y el Nuevo Mundo de los pueblos precolombinos-, la reescritura en clave de las ferocidades históricas que hicieron que aún bien entrado el Siglo XX se pagara una libra por cabeza de indio, una ucronía altamente esperanzadora de la cual es loable asirse, incluso hoy.

Sin embargo, lo que más me atrae de Trapalanda (que etimológicamente hablando significa “tierra de las trampas”) es la manera en que confluyen en su raíz nebulosas repletas de ambigüedad y mecanismos que la instalan en un limbo donde realidad histórica y ficción ancestral se retuercen y amalgaman hasta crear un imaginario híbrido, un correlato imposible desde el punto de vista de la rigurosidad y empirismo propios del Siglo XXI, mas igualmente inabarcable desde una perspectiva exclusivamente mitológica. Es Trapalanda -en su más visceral estructura-, una delirante fantasía, y a la vez, una indiscutible realidad, marcada a fuego en los anales de Fuego Patagonia desde centenarios tiempos. Y es que se contaron por cientos los idealistas que perecieron buscando la ciudad, convirtiéndose en mártires de una quimera tan cierta como etérea, y se inventariaron por miles los documentos oficiales -de antigua y más reciente data- explicando con mayor o menor detalle las particularidades de la ciudad en cuanto a su ubicación, arquitectura y vida cultural en general. Para muchos historiadores de los siglos XVII y XVIII –entre otros, Diego de Rosales, autor del texto Historia General del Reino de Chile-, es Trapalanda la primera ciudad en fundarse en nuestro país, y a su vez, la primera piedra de una patria en ciernes cuya cronología futura –siempre incierta- procurará las mismas ambigüedades, idénticas dicotomías, maravillas y horrores pugnando su larga geografía. 

Pienso que aún hoy, cuando los misterios del mundo parecen poca cosa y nos pavoneamos de múltiples certezas (todas muy relativas), proliferan con aún más fuerzas los idearios que testifican a través de sus múltiples lecturas, aquel tan humano afán por construir, al menos en la conciencia colectiva, un lugar mejor donde vivir.

Dice Oreste Plath que “según la leyenda, sólo al fin del mundo se hará visible la fantástica ciudad; se desencantará, por lo cual nadie debe tratar de romper (antes) su secreto”. Y de esa trágica sentencia y su destino hablarán –en gran medida- estos poemas.





Trapalanda: últimos borradores


Por estos días terminan -por fin- las correcciones de las maquetas de Trapalanda. Son 300 páginas de desborde, amor y caos. No me reconozco en ellas y eso es bueno. Ideé un anti-épico relato del fracaso y fracasé. Me siento encabronado y aliviado al mismo tiempo. Se revisa. Se imprime. 

la página uno

el lomo tentativo


y en papel amarillo las correcciones


Una cumbre a ras de suelo: sobre la poesía de Miguel Eduardo Bórquez. Por Niki Kuscevic Ramírez

 

Miguel Bórquez (Puerto Natales, 1985), investigador, fotógrafo y poeta, es profesor de Castellano, egresado de la Universidad de Magallanes. Entre sus obras sobresalen ensayos literarios sobre Pablo Neruda y Jorge Teillier, señeros análisis sobre la poesía de Marcela Muñoz Molina (Puerto Natales, 1966) y Hugo Vera Miranda (Puerto Natales, 1951), y el surgimiento de la revista "El Keltehue", publicación de Última Esperanza dedicada al arte, el comic y la cultura. A través de la autoedición, Bórquez ha publicado dos poemarios, "Poesia Soundtrack" (2009) y "Geografía del Milagro" (2011), éste último disponible para descargar en la red. Su libro "Poesía Soundtrack" es notable por dos aspectos que escapan el quehacer escritural propiamente tal: por un lado, la mayoría de los textos de este trabajo fueron subidos a la web por el autor, a la manera de un trabajo progresivo, o "work in progress", por otro lado, finalmente los publica, impresora en mano, a través de una prolija edición de autor, enviando una potente e inequívoca señal a la comunidad literaria de cómo producir y difundir los proyectos personales de escritura de manera individual, sin depender de imprentas o editoriales.



En el año 2006, Bórquez, junto a Carolina González, dan a conocer la investigación denominada "Variación sociolinguística en la región de Magallanes", un estudio sobre los rasgos lingüísticos de los habitantes de Magallanes. La nota de prensa que daba a conocer esta investigación afirmaba en esa oportunidad que: "Con ello (los autores) quieren analizar la identidad como región, pero vista desde la forma en que se expresan los magallánicos. En principio, se concentraron en el uso de dos verbos: "crecer", que se usa como sinónimo de criar, y "caer", que se aplica como una "muletilla" de apoyo para indicar acciones" (1).

Este trabajo captó la atención sobre ambos alumnos de la carrera de pedagogía en castellano y comunicación de la Universidad de Magallanes, debido a lo novedoso de su temario, en el cual se rescatan frases tradicionales de la idiosincrasia magallánica como "Me pasé a caer en la escarcha" o "Me crecí en Punta Arenas". Estos elementos de conciencia patrimonial serán volcados por Bórquez posteriormente tanto en su trabajo poético, su producción fotográfica, su vocación pedagógica y su labor como editor de la revista "El Keltehue".


Poesia Soundtrack, (2009)

Con epígrafes provenientes de apollinaire, la banda chilena mecánica popular, christian formoso, joi division, camila mardones, jack kerouak, y formateado en tracks, este libro consta de 3 "lados" o "tiempos": "Tracks para no espantar la muerte", "Tracks para no hacer el amor" y "Tracks para no cerrar la puerta", siendo Eros el leitmotiv que susurra en cada una de estas pistas. "Poesía Soundtrack" es un libro romántico, que el poeta Miguel Bórquez samplea con ritmos noventeros, monocromáticos, propios del universo austral donde transcurren los días del autor. Los textos son canciones melódicas, himnos en tiempo de pop, que tienen la virtud de traer incorporados melodías mentales adictivas, equilibradas con disonancias: "era pendejo aún/ creía siempre en mamá regresando con jarabes,/ aún no muere lo que soy de tanta soledad" (notrack ocho), quiebres de ritmo: "los bufones/ se revuelcan en las ortigas, cerro abajo./el ovejero mira." (notrack cinco), o el escepticismo ante las posibilidades del lenguaje: "bla/bla/bla/etc/etc/etc" (notrack trece). Desde el PLAY primigenio: "está llena de poetas muertos la playa." hasta el STOP, casi telegráfico, final: "desde aquí no hay trayecto, norte ni memoria.", el libro de Bórquez permite dejarlo tranquilamente en un permanente "REPEAT", sin que sus acordes y riffs se desgasten.


Geografía del Milagro, (2011)

El más reciente trabajo de Bórquez, "Geografía del Milagro", consta de 26 textos que fundamentalmente se hunden en los terrenos de la infancia: "Para seguir viviendo nos quedan los recuerdos,/ para seguir extrañando el olor a Chiloé/ de la quinta cuando es marzo/ y las manos de la abuela desentrañan/ de la tierra hasta su último secreto." (Poema VIII), de ahí extrae el autor los materiales con los que edifica un arte poética sobria, sin aspavientos, ni ruidos, ni efectos especiales, lo cual es otra constante que puede apreciarse tanto en su obra poética y fotográfica. El lenguaje cuestiona la escritura, develando las obsesiones del poeta ante la urbe, la muerte, la política, la religión: "Yo que voy y vuelvo de este infierno con sabor a pétalo/ y me ato al cuello la suerte de los demás./ Yo no soy otro." (Poema XII), siendo la poesía una suerte de religión, un milagro, contestando de esta manera la famosa sentencia de Rimbaud cuando anuncia que "jé est un autre".

Es interesante observar aquí, cómo van afirmándose algunas constantes dentro de la escritura de Miguel Eduardo Bórquez, como por ejemplo el recurrente mes de mayo, la nieve, y el vuelo del mítico queltehue (vanellus chilensis) que siempre asoma en su poética, perfilando su propuesta estética y ensanchando las claves para entender su poesía. Desde otro prisma, "Geografía del Milagro" nombra la nieve, la revisa y la cita, dialogando con el poeta Rolando Cárdenas y su poema "Regreso": "Para seguir viviendo nos quedan los recuerdos,/ para seguir pensando, por ejemplo,/en la primera luna llena de cada primavera,/ o en el ruido de la nieve/ cuando los zorzales se disponen a volar", ("Geografía del Milagro", poema VIII) (2), en oposición a lo que ocurre en "Poesía Soundtrack", donde esta sustancia, casi metafísica para el hombre austral, prácticamente no se nombra, pero sin embargo se hace omnisciente. Otra particularidad que se advierte entre ambos trabajos líricos es la presencia de la tecnología, tan protagónica en "Poesía Soundtrack" pero tan ajena en "Geografía del Milagro".

Miguel Eduardo Bórquez, "el muchacho que temía a la lluvia", (3), prestigia hoy, la literatura natalina en particular, y del Finis Terrae en general, integrando la arcadia poética de Última Esperanza, junto a autores imprescindibles como Pedro Paredes Leiva, Claudia Aguilar Pérez, Jorge Díaz Bustamante, Marcela Muñoz Molina y Hugo Vera Miranda.

Reseña originalmente publicada en la web Inmaculada Decepción


Notas:

(1) La Prensa Austral, 24 junio 2006.

(2) "Regreso", "En el invierno de la provincia", Rolando Cárdenas, 1963.

(3) "Geografía del Milagro", poema XI.


Bibliografía:

Revista "El Keltehue" Nº 3, Puerto Natales Mayo 2011.

Inmaculada Decepción

Poesía Soundtrack, (2009)

Geografía del Milagro, (2011)

La llaga enjaulada de Miguel Bórquez, Oscar Barrientos Bradasic.


“La llaga enjaulada de Miguel Eduardo Bórquez”. Reseña de Óscar Barrientos.

Una familia de indígenas patagónicos observa recostados en medio del coirón un computador como si el precioso amuleto de la modernidad le estuviese comunicando al mito sus más rotundos designios, con la oscura voluntad de suplantarlo o transformarse en un solo gran misterio.

Este podría ser el punto de partida para abordar los textos de Miguel Bórquez, joven autor natalino que nos entrega su Poesía soundtrack. De esta manera, Bórquez también se hace cargo de una tradición magallánica por donde han circulado nombres como los de Rolando Cárdenas, Marino Muñoz Lagos, Astrid Fugellie, Aristóteles España, Juan Pablo Riveros, María Cristina Ursic, Christian Formoso, Jaime Bristilo, Cristian Soto, Niki Kuscevic y específicamente en Puerto Natales Pedro Paredes, Hugo Vera, Claudia Aguilar, entre otros. Caja de resonancia polifónica y heterogénea en la producción poética del fin del mundo.

Por ello, el poeta Bórquez apela a las pistas musicales, a la cristalería secreta que se remueve en las catedrales de la ausencia. Quizás porque entre dientes susurra un canto o porque las imágenes se suceden desde el abordaje fotográfico, el estertor de un verso que cierra su promesa de patentar la realidad como uno más de sus rostros. “Con mamá en el cajero automático esperas tu mesada/ entre botones/ formularios/ extintores y reflejos/ mientras mamá te habla me observas sin querer/ bajo tus lentes de miope hada,/ encantada y malagueña, diría redonda confusión del dante”

Leer Poesía soundtrack es asistir a una tentativa de voluntad textual, siempre en función de una estética minimalista, porque los versos parecen todo el tiempo denunciar que el paradigma de la verdad abarcadora está severamente desprestigiado. Por eso, estos poemas se adentran en el disco duro de la melancolía o de una soledad por momentos fantasmal.

La experiencia del amor, también leída desde la órbita de la inmediatez nos comunica un espacio de niebla y ausencia “lo que aún no habita ya es de ruinas,/ o del terror la magia,/ o del sudor al extrañar la periodicidad del cielo, su llaga enjaulada/ yo amo lo que existe sin contradecir sus huellas,/ lo que se inquieta cuando todos duermen,/ lo que menstrúa sin jamás parir”

De manera especial el dolor existencial es la primera advertencia que el poeta pacta con nosotros, el abismo irremediable, la llaga enjaulada, la ola que rompe, el olvido, los castillos de naipes construidos hermosamente con el simple afán de derribarlos y volverlos a construir.

Afortunada y singular la propuesta de Bórquez desde lo que significa asumir una tradición poética y reformularla bajo el lente de nuevos afluentes, en una mirada no por intimista menos urbana, la resaca de lo vivido como señalaría Vallejo, pero a su vez la constatación de un mundo que se va extinguiendo hasta solo dejar los rastros del crepúsculo.

De ahí que podemos esperar buena poesía de este autor, sumergirnos en la señalética de una ciudad que erige sus ruinas como monumentos al desasosiego, acaso la finalidad última para transitar con la desesperanza en el equipaje y convencernos que cada poema constituye la triste sinfonía de un carnaval pagano o en palabras del poeta “van los carros del carnaval/ van los carros del carnaval oscuros de sin oros, úteros usados/ algunas luces en la mugre, la calle bories/ resplandece en su miseria y los monos rotos fumigan el reclamo:/ no existe testimonio más triste que el ayer”

Siempre curioso y difícil la experiencia del primer libro. Se cruza un umbral de donde rara vez se vuelve y donde no todos pasan la prueba. En este sentido, el trabajo de Bórquez se empodera del viaje del lector y construye su historia personal de la tristeza contemplativa, de los momentos que ingresan a la moviola siempre extraña del recuerdo.