"Un epitafio en lengua muerta": aproximaciones a la poesía de Niki Kuscevic Ramírez



Antecedentes bio-bibliográficos.

Niki Kuscevic Ramírez nace en Punta Arenas el año 1964. Ha publicado los poemarios “Cadáver Lírico” (2008) y “Estudio de una Imagen” (2010), además de los textos de investigación “Restauración del Puerto Libre” (2008, coautoría con Víctor Hernández), “Julio Ramírez, Crónicas Australes” (2009) y “Metalenguajes del Fantasma del Faro Evangelistas” (2011, en coautoría con Víctor Hernández y Juan Carlos Alegría). Textos suyos figuran en “Antología InSurgente: La Nueva Poesía Magallánica” (1998) y “Da Se Ne Zaborave” de Branka Bezic, (Split, Croacia 2006).



Breve presentación.

La obra de Niki Kuscevic Ramírez, de larga data pero publicación reciente, constituye un paradigma único e irrepetible dentro del panorama literario magallánico, y su irrupción debe entenderse como una radical respuesta contra las etiquetas, clichés y convencionalismos que por largo tiempo poblaron de señas costumbristas e idealizaciones postales absolutamente acríticas y superficiales los proyectos escriturales nacidos en el austro. En ese sentido, el artesanal y siempre comedido trabajo de Kuscevic marca un punto de inflexión, distanciándose de los sellos discursivos impuestos por la tradición para proponer nuevos derroteros emotivos y territoriales, haciendo del problema estético y lingüístico un constante signo de interrogación que atravesará –con evidentes y acertados matices- todo su trabajo poético, asiéndose de recursos expresivos de diverso origen y naturaleza, elaborando un trabajo que en lo global puede ser de los más sólidos y coherentes de la lírica austral contemporánea.

Encierro y lenguaje: algunos signos para la debacle.

La poesía de Kuscevic es una revelación por muchos motivos. En primer lugar, por apostar a la construcción de una magallanidad multireferencial y desmitificada, arraigada y globalizada al mismo tiempo, que da cuenta de los sinos territoriales, identitarios y políticos de nuestro tiempo. Sin embargo, dichas señas de magallanidad rara vez van acompañadas por referencias explicitas de orden contextual o histórico. Tampoco proliferan las toponimias australes, y lo anecdótico emerge solo en pasajes muy puntuales, aportando sutiles puntos de referencia que posicionan al lector en coordenadas  patagónicas.

En segundo lugar, se puede mencionar que el sujeto poético construido por Kuscevic es en su esencia un sujeto plural, resignado a los rituales de la insularidad austral y los sinos de la posmodernidad y el régimen neoliberal, con sus rasgos más brutales siempre en silencioso pero efectivo acecho.

“mucho plástico
mucho neón
mucha huella digital
mucho césped sintético
mucha métrica mecánica
mucha inseminación artificial”

La visión de Kuscevic remite a una óptica de lucidez extrema, adoptando acaso la perspectiva impersonal del “hombre austral”, al menos en la medida que comparte con él rasgos que le son propios, como la melancolía, el aislamiento casi insular o la tendencia a la incomunicación –que se expresa en registros de variada naturaleza-. Por ejemplo:

“el que llama por teléfono y hace silencio
con el lago Nordenskjöld de fondo
antes de colgar”
o
“después de la señal quedo en blanco
pierdo el habla”

y también en sus incursiones en prosa lírica,

(…) ella esbozó algo parecido a un hola, al que respondí con un dubitativo pero impenetrable balbuceo (generalmente me relaciono con las personas a través de monosílabos, hasta culminar en el mas absoluto y esclarecedor de los silencios.”

Desde esa óptica, la lírica de Kuscevic transita desde la improbabilidad y resignación del lenguaje mismo, entendiendo desde allí el carácter occiso de toda empresa comunicativa humana, incluida la poesía. Según Alberto Aguilar, “es posible que Kuscevic entienda que la lírica es la clave del gesto poético proveniente del mito o el espíritu colectivo, y que este gesto ya no es capaz de articularse en nuestro espacio cotidiano.” Se trata, en efecto, de constatar que el mundo –o la ilusión que tenemos del mundo- es también un cadáver.

a) Carácter plástico y visual: Hay en la poesía de Kuscevic un marcado acento visual, explicitado en “Estudio de una Imagen” (cuyo concepto principal se articula alrededor de tres obras plásticas, de Malevich, Delvaux y Klimt respectivamente), pero latente a lo largo de toda su obra. Para Víctor Hernández Godoy (2011), es la imagen “el lenguaje más antiguo que existe; se le utilizó primitivamente para representar dioses y espíritus superiores”. Bajo esa premisa, puede entenderse que las manifestaciones artísticas de carácter visual han estado desde su génesis relacionadas con lo abstracto y lo sagrado. Allí dónde lo textual fracasa por las limitaciones naturales de sus signos, lo visual mantiene su vigencia, relevancia y poder comunicativo, abriendo nuevas direcciones de tránsito. Por ejemplo:

“la imagen plástica-pictórica reflejada en la pintura
la imagen de la música que me acompaña
mientras reflexiono contemplando la obra
gatillan otras visiones (esta escritura)”

Es por lo tanto, la expresión literaria una manifestacion﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽iiva posterior a la visualidad, probablemente menos pura, de investigacii cepticismo ón comunicativa posterior a la visualidad, una interpretación menos pura que requiere de un esfuerzo mayúsculo para preservar su sentido, su etérea razón de ser.  En tal sentido el lenguaje es -según Alejandro Lavquén- “una especie de traductor entre la imagen y las posibilidades que de ella se puedan desprender”, es decir, un punto intermedio, un canal para conectar imagen e idea.   

Para profundizar en dicho aspecto, puede resultar revelador consultar el sitio web http://www.hypertexto.8k.com/photo.html/, espacio que recopila una serie de artefactos visuales organizados -en palabras del propio Kuscevic- “a partir de deshechos urbanos, recortes de prensa y pinturas”.

b) Naturaleza intertextual: Según Kristeva (1969) “el lector ha de tener experiencia de todo un corpus de discursos o textos que conforman ciertos sistemas de creencias en el seno amplio de la cultura”. Los textos de Kuscevic no son nada condescendientes con el lector, pues exigen un amplio abanico de lecturas y nociones culturales previas, especialmente en textos como “Walt Disney”, de los más extensos del conjunto “Cadáver Lírico”.

“Tomando como elemento de juicio a los hermanos Grimm, Hans Christian Andersen, L. Frank Baum, Lewis Caroll, C.S. Lewis, J.R.R. Tolkien y Michael Ende, cuyas obras han sido ultrajadas por el consumismo compulsivo (…)”

o…
“De lo anterior se desprende que si Walt Disney hubiese padecido vértigo, por alguna afección al oído medio, nunca se habría interesado en:

“El Grito” de Edward Munch
“Aullido” de Allen Ginsberg
“Los Gemidos” de Pablo de Rokha

c) Influencia de los mass media: La obra de Kuscevic elabora discursos a través de la agrupación de elementos incluso antagónicos, pero que a través de la globalización de los medios masivos de comunicación adquieren el carácter de universales, formando parte esencial de los imaginarios particulares de cualquier territorio interconectado. Se entiende que hoy el ideario personal del habitante austral está repleto de referencias foráneas propias de la cultura pop, asumiendo con naturalidad las paradojas de entender como propias manifestaciones culturales de orígenes tan remotos de rastrear como la factoría Hollywood, la música rock o la filosofía oriental.

Para Noam Chomsky “el cuadro del mundo que se le presenta a la gente (en los mass media) no tiene la más mínima relación con la realidad, ya que la verdad sobre cada asunto queda enterrada bajo montañas de mentiras”. Los procedimientos para falsear la realidad son múltiples, y tienen en la propaganda y el marketing sus dos herramientas más poderosas. En ese punto, la incorporación que hace Kuscevic de la cultura mediática a su propio discurso, es una incorporación escéptica, en permanente cuestionamiento y con plena conciencia de que su recepción está repleta de ruidos e interferencias, dando como resultado imaginarios mestizos, que son los que hoy predominan en todos los rincones del planeta, como fruto de relaciones de poder que marginan, devalúan y alterizan a comunidades cada vez más aisladas y en apariencia arraigadas, como la magallánica.

d) Minimalismo: Un conjunto de textos publicados en “Cadáver Lírico” anticipa una exploracion﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽una exploración verbal orientada a la simplicidad y la economía de recursos expresivos. Se trata de poemas despojados, donde los elementos compositivos se reducen a su mínima expresión, por momentos concisos hasta la parquedad, pero de amplias resonancias interpretativas.

“yo
soy
mi imagen”

Esta tendencia en la poesía de Kuscevic avanzará hasta adquirir total protagonismo en “Estudio de una imagen”, poemario de contextura singular construido en su totalidad por sesenta y cuatro textos breves de tres versos cada uno, en un ejercicio escritural que nos remite a los haikus de la tradición japonesa, pero con libertades métricas que le otorgan novedad y riesgo.

“La ausencia de la imagen
exalta su presencia omnisciente
define mi escritura”.

Hay en estos anómalos haikus una evidente simpatía por la filosofía zen y uno de sus principios más definitorios, el kanso, que es una idea de simplicidad que según el pintor Sinyu Morita (1958) apunta a “una ausencia de ostentación, monumentalidad y de obviedad. Significa ser limpio, cuidadoso y fresco, ser reservado aunque franco y abierto (…) La simplicidad se aproxima a la carencia de arte o temor”. Es en su brevedad y sencillez formal donde se encuentran los lazos más evidentes de la poesía de Kuscevic con lo oriental, pero probablemente sea su tono contemplativo, pictórico y reflexivo el sello más distintivo. Así por ejemplo:

 “narciso
edipo
y yo”

En más de un punto, dicha inclinación por la expresividad minimalista se familiariza también con la ya mencionada problematización del diálogo metalingüístico. Si comunicar es una tarea en gran medida vana por la imposibilidad de transmitir con fidelidad los significados que guardan los significantes, que son mutables, subjetivos y dinámicos en su concepción e interpretación, ¿para qué tantas palabras? Entendida así la propuesta de Kuscevic, no resulta osado asegurar que en dichos tipos textuales se encuentra la mayor apuesta de su obra, su intento por superar la precariedad de las palabras, primero desde el escepticismo, y finalmente, desde su eventual disociación.

Reflexiones finales.

Toda la poesía magallánica es reciente y actual”, afirma el poeta Christian Formoso en una entrevista del año 2008. En efecto, sólo en las últimas décadas han nacido propuestas de real valor que se desentienden de la estampa regional impostada y apuestan por la construcción de discursos personales y coherentes desde el punto de vista temático y estilístico.  Y en ese contexto donde la poesía de Niki Kuscevic adquiere su mayor significación, pues es en muchos sentidos una obra de características inaugurales, que reflexiona sobre si misma y evoluciona para subvertir formatos, discursos e influencias.

Tampoco deben dejar de mencionarse los aportes de Kuscevic en los campos de la historiografía y la teoría artística y literaria, de manera especial su Teoría de los Espacios Fugaces del Lenguaje, explicativo texto publicado como colofón del libro “Metalenguajes sobre El fantasma del faro Evangelistas” (2011), y que sintetiza con inusitada lucidez las ideas del autor sobre el acto de la creación.

Me acerco a la poesía, pero para traicionarla”, dice la cita de Bataille que inaugura “Cadáver Lírico”. Y de esa traición -cual Iscariote posmo en arcano beso- palabra e imagen se hacen un mismo epitafio sin alfa ni omega, sin eros ni pathos, sin principio ni fin.

Referencias claves.

·       Kuscevic Ramírez, Niki. “Cadáver Lírico”. Edición del autor. 2008
·       Kuscevic Ramírez, Niki. “Estudio de una Imagen”. Mosquito Ediciones. 2010.
·       González Barnert Ernesto. “Entrevista a Christian Formoso”. Revista Letras.S5. 2008. Recuperado de http://www.letras.s5.com/egb300308.html
·       Lavquén Alejandro. “Los libros”. Revista Letras.S5. 2010. Recuperado de http://letras.s5.com/al281110.html
·       Chomsky Noam. “El control de los medios de comunicación”. Revista virtual Info América. 2010. Recuperado de http://www.infoamerica.org/teoria_articulos /chomsky6.htm
·       Mendoza Fillola Antonio. “El intertexto lector”. Biblioteca Virtual Cervantes Virtual. Recuperado de http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-intertexto-lector-0/html/01e1dd60-82b2-11df-acc7-002185ce6064_2.html
·       Aguilar Alberto. “Cadáver Lírico”. Revista Letras.S5. 2011. Recuperado de http://letras.s5.com/nk260911.html

Presentación del libro "Poemas de Chile", de Ediciones Biblioteca Nacional


La fundación de Chile como patria, imaginario y territorio está supeditada a una hazaña que no fue bélica sino más bien poética. Única nación moderna fundada sobre una épica, es Alonso de Ercilla y su Araucana piedra angular para una patria forjada sobre la improbabilidad y la porfía por asirse de lo inasible y pensar la vastedad de América en términos humanos, suponiendo que los huesos son algo más que materia o ceniza, o que patria es la palabra que nos queda cuando no se puede designar lo que es la vida o lo que es el amor.

Chile es un mito, dijo el cineasta Patricio Guzmán hace un par de días en el Festival de Cine de Berlín. Un país donde la injusticia, la impunidad y la inmoralidad social y económica muestran su más violenta efigie. Y si Chile es un mito, una especie de Atlántida tercermundista que se hunde lentamente bajo el mar, su poesía ostenta idéntica condición, alimentando el folclor popular que afirma “Chile: país de poetas”, haciendo de aquello un símbolo más de identidad y pertenencia. Y acaso sean los poetas de ese Chile imaginario los arqueólogos más lúcidos de su fantasiosa y casi onírica historiografía, que vista desde adentro no es más que una fugaz alquimia repleta hasta el hartazgo de contradicciones y heridas que en lugar de cicatrizar sólo han sido maquilladas con promesas de progreso, unidad y justicia. En ello pues, reside el apremio por conocer y leer a nuestros poetas, por hacer de sus voces nuestra propia voz –la de nuestra tibu, en términos parreanos-, por arrimarnos a los sinos de nuestra condición humana a través del reconocimiento lúcido de nuestros más implacables fantasmas. Es ese y no otro el afán de una antología como la que hoy comparte con nosotros Ediciones Biblioteca Nacional, en uno de los rincones más remotos y postergados de nuestra imposible cartografía, tejiendo, al menos por un insignificante eón de tiempo, un vaso comunicante entre la chilena poesía de los últimos lustros con el vacío lleno de todo que es Magallanes, esta patria agreste donde el viento “se levantará un día y no parará”, y que también es –y de un modo mucho más cercano a la perfección- poesía.



Poemas de Chile” viene a corroborar que si acaso hay algo que hoy aún se mantenga al margen de la vorágine deshumanizadora de la que somos presa fácil, y que todo lo mercantiliza, trivializándolo y despojándolo de su real valor, es la poesía, uno de los últimos bastiones de resistencia y libertad. Son 85 poetas chilenos vivos los seleccionados, en un trabajo que se instala con rotundidad en una larga tradición de textos antológicos publicados en nuestro país desde al menos una centuria, perfilándose con total seguridad como uno de los más significativos intentos recientes por democratizar y universalizar el acceso a la poesía, a través de una selección generosa y pluralista de autores de muy disímiles estilos, rangos etarios y particularidades discursivas y lingüísticas, más un hermoso trabajo editorial cuyo principal objetivo es la diseminación gratuita de ejemplares en establecimientos educacionales, centros comunitarios y bibliotecas. Bajo idéntica premisa, encuentros como este constituyen instancias tremendamente significativas para el acercamiento del quehacer literario en regiones, abogando así por subsanar políticas –públicas y privadas- que históricamente han pecado de centralismo aún en sus más nobles iniciativas culturales.

Como si de un puzle se tratase, las piezas que conforman Poemas de Chile se necesitan y conectan con urgente ansiedad, adquiriendo en su conjunto una coherencia que no puede sino causarnos extrañeza en el mejor sentido de la palabra. Voces consagradas de poéticas tremendas e inabarcables, como Nicanor Parra, Oscar Hahn, Raúl Zurita o Armando Uribe Arce, se asoman como inmensos tótems de madera o piedra de los cuales es imposible desentenderse, pero sus raíces –humectadas y crecientes- se acarician con autores de la nueva camada, como Enrique Winter o Juan Carreño, sin confrontarse pese a la discrepancia de sus tonos y el salto cronológico que les separa, sino más bien sugiriendo señas de continuidad que atestiguan un recorrido en espiral que constantemente vuelve –conscientemente o no- a la tradición de la gran poesía chilena, que acaso alcanzara en Mistral y Neruda sus dos cumbres más altas, pero junto a ellas nombres de talla descomunal, entre otros, Vicente Huidobro, Pablo De Rokha, Humberto Díaz-Casanueva, Eduardo Anguita, Jorge Teillier, Enrique Lihn, Juan Luis Martínez o Gonzalo Millán. 

Hay un arraigo y una genealogía en Poemas de Chile; una unidad que se advierte al hermanar la poesía femenina –si es que aún es sensato hablar en términos de género- de poetas como Rosabetty Muñoz, Teresa Calderón y Elvira Hernández con la poesía mapuche de Elicura Chihuailaf o Jaime Huenún. O las formas clásicas de Rafael Rubio con el bello escepticismo de Leonardo Sanhueza, o el larismo de Omar Lara con los ya no tan “novísimos”, Héctor Hernández Montecinos, Paula Ilabaca o Gladys González, que a principios del Siglo XXI propusieran derrumbar la muralla imaginaria que separa vida de obra hasta hacer del poema carne. Todo conecta con todo y todo forma parte del todo. Auscultando hasta la nausea lo que se oculta en sus páginas, no es difícil identificar tópicos en común, partículas de un mismo Chile desperdigadas en grandes ciudades de hormigón o fronterizos y ripiosos pueblos, que pese al prisma coloreado a su antojo por cada autor, sigue allí, visible para quien quiera ver, latiendo lo que Carlos Pezoa Véliz bautizó hace más de cien años como “el alma de Chile”.

Poemas de Chile es un compendio de registros, épocas y lenguajes, una amalgama temática y emotiva que no hace más que bosquejar -al menos hasta donde puede hacer una selección que debe entenderse como dinámica, parcial e inconclusa- la multiplicidad de chiles que hay en Chile y la contundencia de los discursos poéticos que hoy le re-construyen en una nueva, cotidiana y subterránea épica que es preciso visibilizar hasta lograr nuevos e incendiarios fulgores.

En medio de esa vorágine brilla con especial colorido el poeta magallánico Christian Formoso, el único autor austral convocado en Poemas de Chile, y cuya ausencia presencial hoy ha permitido que esté yo aquí, como una especie de embajador de algo que todavía no alcanzo a vislumbrar con total claridad. Y es que la obra de Formoso ha sabido instalar parte de la tradición lírica magallánica -que es reciente y está aún en estado embrionario- en la gran tradición de la poesía nacional, completando así un mapa que siempre había estado castrado, omitiendo en su medula los imaginarios de un territorio que es poético por antonomasia, fundado en la superstición  y la grandilocuencia de su habitante y su paisaje. Allí Formoso, cual vidente o cronista alucinado, ha creado una nueva historia regional al margen de la oficialidad, de Sernatur y de cualquier estampa postal atiborrada de hipócritas criollismos, urdiendo en su proyecto escritural los despojos de un Magallanes asolado por la decepción y la desmemoria, convirtiéndose en la voz de los apátridas y los desterrados, pero también de los indios exterminados, de los guachos que no se acuerdan de nada, de los pobladores de las tomas, de los chicos que se matan inhalando pegamento en cualquier sitio eriazo.

En ese sentido, los derroteros que propone Formoso en sus libros más logrados “Puerto de hambre”, “El Cementero más Hermoso de Chile” y el reciente “bellezamericana” comunican o intentan comunicar el sentido de aquello que acostumbro a llamar “magallanidad”, y que no es más que una manifestación de insularidad y soledad que nos define y confronta con un paisaje cargado hasta el éxtasis de tremendismo, afanado en recordarnos día a día lo latente de nuestra pequeñez y finitud, como si de una simple anécdota que se borrará con la primera brisa del amanecer se tratara toda empresa humana. Algo de eso hay, al menos hasta donde alcanzo a ver, en la poesía de Formoso: un afán por hacer de la gran historia una historia personal, por hacerse de los sinos de la infamia universal y nacional hasta descifrar un poco sus códigos, ferocidades y barbaries, para hallar por fin en todo ello la cuota de amor y virtud que nos hace seguir aquí, en una pugna que es cruel, pero también bella y por sobretodo, necesaria.

Me gustaría creer que en la inclusión de Christian en Poemas de Chile está implícita la poesía magallánica toda, y creo oír en su voz la voz de Rolando Cárdenas, de Marino Muñoz Lagos, de Astrid Fugellie, de Niki Kuscevic o de Hugo Vera Miranda, y si se disculpa la osadía, acaso la mía misma haciendo eco de un tiempo, de una historia y una geografía que nos hace uno en este trópico del frío, que pese el rigor de la distancia y la desidia, también es Chile.

El filosofo Teodoro Adorno dijo que escribir poesía después de Auschwitz  y el holocausto era un acto de barbarie. Pero la historia ha dejado de manifiesto que la experiencia poética es la experiencia de la tenacidad. Porque hoy en Chile también proliferan día tras día pequeños y gigantescos Auschwitz, pero seguimos aquí. Y seguimos porque es en la poesía donde aún reside, y pese a todos los embates de una época rica en crueldad y escepticismo, el deseo de un tiempo y un mundo mejor. Y porque el poema llamado Chile todavía es -a pesar de todo- un poema de amor.



Presentación del libro "Poemas de Chile" en Punta Arenas


Con una tertulia literaria que se realizará en la biblioteca pública municipal N°114 (Cancha Rayada 346), este domingo 15 de febrero a las 17.30 hrs., se presentará el libro "Poemas de Chile", primer título publicado por Ediciones Biblioteca Nacional.

La actividad es organizada a nivel local por la Coordinación Regional de Bibliotecas Públicas y la tradicional unidad bibliotecaria del sector 18 de septiembre, y considera la realización de una lectura poética con textos tomados del libro, a cargo de los escritores Julio Carrasco y Miguel Eduardo Bórquez, de la cual se invitará a participar al público presente en la actividad. Cabe hacer notar que en la oportunidad, se entregará un ejemplar del libro a cada uno de los asistentes a la tertulia.

Sobre Poemas de Chile

“Poemas de Chile” es una antología 85 poetas vivos, los que regalaron un poema con su correspondiente manuscrito. La edición consta de 8.000 ejemplares que serán repartidos gratuitamente en establecimientos educacionales, centros culturales y comunitarios, embajadas de Chile en el extranjero, bibliotecas públicas, privadas y personales, como una forma de acceder a nuestra poesía actual. Entre los antologados figura el poeta magallánico Christian Formoso.

La selección de los textos estuvo a cargo los poetas: Floridor Pérez, Thomas Harris y Cristóbal Joannon (todos miembros del comité editorial de Ediciones Biblioteca Nacional).

(la noticia publicada aquí)


afiche promocional de la actividad

Aspectos de la presentación

Aspectos de la presentación


Fotografías después del viaje: algunas ideas a propósito de “bellezamericana”, de Christian Formoso


Texto original de presentación para bellezamericana, publicado en letras.s5

Christian Formoso. "bellezamericana". Editorial Cuarto Propio. 2014

Nació y fue hombre, dijo, sin saber si aquella sentencia telegrafiada con premura era un alivio o una carga. Nació y fue hombre, como han escuchado tantas madres de esta tierra, aún dolientes por las faenas de parto, sin marido al cual confiarle la buena nueva, aferrarse en silencio de sus manos o posar con satisfacción frente a la cámara con los atuendos verde agua del quirófano, aún salpicados por la única sangre que mana de la ternura y la inocencia.

Chile es la patria de las incertidumbres, una especie de matriz insular difusa e inconexa desde cuyo núcleo se suceden experiencias vitales tan patéticas como insólitas, que sólo pueden entenderse desde sus más provincianas entrañas, pues es allí, en lo remoto de su geografía humana, donde toma forma la infamia histórica que llamamos arraigo y pertenencia. Desde ese sitio, la condición de guacho constituye una piedra angular para el ser chileno (sea lo esto signifique) y una espina, una especie de arponazo en la espalda –como la escritura misma- que se hunde más y más cada vez que la precariedad de la condición humana impide transfigurar esa bastardía en una nueva dignidad.

Si guacho es O´Higgins, padre de la patria, ¿por qué no podría serlo también cristian savedra, el común y corriente protagonista lírico de bellezamericana? Después de todo -y usurpando de Lihn su noción de nacionalidad bipartita- hay sólo dos países en este país: el de los legítimos y el de los guachos. O al menos eso pensé ayer, cuando tal como aquel tipo evocado desde el times square viajé de Natales a Puntarenas, sólo que con 44 años de desfase, pero con imágenes muy similares en la cabeza: la vastedad de los coironales cubiertos por el hielo, un cielo barroco que se estrella abrupto contra la nada, restos de bosques devorados por fuegos pretéritos, un par de señaléticas calavéricas advirtiendo la proximidad de un campo minado, y al mismo tiempo, la nimiedad del desplazamiento en aquella instantánea inquebrantable y telúrica, cuadros todos que conforman la raíz del imaginario austral que es también el imaginario latente en bellezamericana, que es en lo medular terrible, solitario y de una vastedad feroz.

Fulano que no se acuerda de nada inspira libro de viajes y recuerdos”, leí en Las Últimas Noticias hace algunos días a propósito de bellezamericana, justo cuando me encontraba redactando estos desvaríos. Como primer impacto, me causó gracia su aparente liviandad, tan distante a las inquisiciones metafísicas y patrañas literarias de difícil valoración que me atormentaban entonces. Sólo días después alcancé a comprender la contundencia de aquel concepto, la idea de fulano y sus connotaciones más inmediatas, su noción de persona indeterminada o inexistente, o en su defecto, de alguien digno de desprecio, hasta el punto de ni siquiera merecer ser llamado por el nombre de su cristiano bautismo. Sólo a partir de ese desprecio puede comprenderse la urgencia por reconstruir la identidad de savedra, el fulano que es todos los NN sin genealogía de esta patria en harapos, emparentando su colosal y vana empresa con los intentos pretéritos de Christian Formoso, magistralmente asimilados en sus libros anteriores (Puerto de Hambre y El cementerio más hermoso de Chile), reconstruyendo la historia del Magallanes-territorio y el Magallanes-individuos a través de epitafios de madres e hijitos muertos, o fotogramas que aúnan la ternura y el patetismo de pequeñas tragedias domésticas que reiteran todos los días todas las vidas, para terminar advirtiendo que aún esperamos un navío que ya zozobró, que a todos nos ha sorprendido la madrugada esperando un e-mail de amor que nunca llegó, que todos vimos la casa del vecino en llamas y su instantánea nos atormentó en noches de insomnio o dolor de muelas. Y al mismo tiempo todos, como savedra, no nos acordamos de más, enfermamos de amnesia para seguir adelante y con ardiente paciencia guardamos esas escenas en lo más hondo del disco duro de nuestra memoria, sólo para fingir después -sin asidero alguno- que todo irá bien, que la llorona de puntarenas se equivoca cuando dice que el hombre es el fracaso.

La arquitectura de bellezamericana es compleja y de difícil acceso, casi incomunicable en lo escueto de una reseña tan breve y dispersa como esta. Puedo proyectar en la lectura de sus textos –y quizá se trate de una analogía efectista asociada a un mero alcance nominal- el mismo extraño disfrute que logro captar del director Sam Mendes en su película Belleza Americana, la escena en que dos jóvenes frikis sentenciados al fracaso se deleitan contemplando en vhs las erráticas trayectorias que una bolsa de nylon traza por los aires, como si su levedad e intrascendencia adquiriera de golpe una significación mayor a su propia existencia, sólo por el hecho del registro y la contemplación. Así savedra o su rastreador, imaginando que un remolino de papel gira suave en la mano de un sujeto mientras piensa cualquier cosa, y un zoom out deja en evidencia lo majestuoso del paisaje de un pequeño villorrio en Pensilvania, con las Torres el Paine nevadas a lo lejos, casi fuera de foco. La idea, si es que se entiende, tiene que ver con una historia cuyo sentido primigenio de arraigo no reside en un país ni en una época ni en un individuo, sino más bien en los sinos de savedra, del poetucho provinciano o el guacho NN en una voz que suena con igual recelo en Nueva York, Tánger o Natales, comunicando con urgencia y leve espanto los infortunios de una época enferma que es preciso enfrentar la furia que se tenga a mano.

Si he de detenerme en algunas pistas de bellezamericana, lo hago sobre algunas imágenes que iluminaron o ensombrecieron mi lectura, según el prisma con que quiera verse.

  • Los fotogramas de cumpleaños o la pieza oscura, aquellos sutiles trazos de abril –la mayoría de ellos al alero de Pinochet- que van delineando escenas de cierto criollismo urbano austral: desenterrar gusanos para dar de comer a las gallinas, ver las noticias de Chile por primera vez en directo, los juegos de piel con la prima en el patio; todos ellos pequeños halos de vergüenza que entrecruzan lo libidinoso con la inocencia provinciana; la perversión en ciernes que instalará sus nidos por todo el orbe, hasta hacerse una carga que nadie podrá tolerar.
  • El blanco azul y rojo del emblema patrio delimitando simétrico el camino de un culo anónimo que terminará, como tantos, apilado en una fosa común sin más historia que algún versículo universal de iluso y cristiano consuelo. O los fotogramas de puntarenas en estado de sitio como una cinta distópica post apocalíptica: barricadas, atropellos, estado de sitio, todo ello arropando lo efímero de una gesta repleta de sutiles tragedias, con back in black sonando en las radios locales, de vez en cuando interrumpiendo la voz de Ferrer y su Canto a Magallanes, colofón preciso para la última épica de la acracia patagónica.
  • El zorzal abatido de un certero hondazo. La potencia con que las primeras imágenes de crueldad del mundo se nos incrustan en el cerebro como esquirlas para no abandonarnos más, conteniendo en su leve rumor el ADN todo de nuestro tánatos futuro. La violencia del mundo, inabarcable e indescifrable en su multiplicidad de matices, concentrada por un segundo único e irrepetible en el pecho herido de un ave insignificante como hay miles, y desde esa mancha la vida toda en gris: la lucha de clases, el terrorismo de estado, la auto-inmolación con dinamita en un cuartel policial; todas piezas de un mismo engranaje descompuesto llamado Chile.
  • Las imágenes de cotidianeidad que adquieren un matiz transmutador a través de la experiencia poética: el perro de nuestra infancia muerto y arrojado a la basura con premura, las primeras visuales citadinas y el paisaje gris del austro. La misma imagen de portada, aquel retrato temprano del autor resquebrajado como si un certero piedrazo hubiera atinado con su rostro angélico en una vida imposible y remota, cuando la poesía no era más que una amalgama de papel bond repleta de símbolos indescifrables y mezquinos rituales.
Siempre he creído que Christian Formoso significa para la poesía magallánica un punto de inflexión cuyos alcances son todavía difíciles de cuantificar. Si es que aplica el término a lo que quiero decir, su obra es la cúspide para una tradición lírica inaugural post dictatorial, y al mismo tiempo –he ahí su valor y paradoja- piedra angular para una época todavía en ciernes, bajo el solsticio de una dictablanda que ha sabido construir democracia, igualdad y justicia “en la medida de lo posible”. Bajo esos parámetros, el Cementerio más Hermoso de Chile, poemario anterior de Christian, ha refundado no sólo la poética austral, sino también –y esto es todavía más revolucionario- ha reconstruido un sentido de magallanidad que no puede sino conmoverme en su anti-épica grandeza. En ese sentido, los derroteros que propone Formoso en bellezamericana llegan para socavar hasta la náusea nuevas faenas arqueológicas sobre un Magallanes hecho de vísceras y apocrafías de una pluralidad irreversible, hilvanando su propia biografía a la de savedra -que es todos y nadie al mismo tiempo- para comunicar la gran historia a través de una pequeña historia, acaso una insignificancia más dentro de una galaxia de vidas anónimas y prescindibles: la de un guacho incapaz de reconstruir la cronología mínima de su existencia en una búsqueda alucinada, errática y violenta. 

El lugar en la obra de Christian que ayer ocupó la épica voz Sarmiento de Gamboa, Cambiazo o los pobladores de Puerto de Hambre hoy pertenece a este sujeto cuyo apegio al parecer no es ná savedra, uno más como tantos hay en cualquier población SERVIU del austro, cuyo apellido e historia son una forma de decir Chile, porque su negación es la negación de esta triste franja cuyo único mérito es seguir de pie, pese a la imposibilidad de su propia fundación, contraviniendo la infamia de su efigie, condenada a hundir sus quijadas bajo el mar de la desesperanza cualquier día.

“Tanto he sufrido que puedo llamarme mártir”, reza en bronce y a modo de epitafio una frase de Sarmiento de Gamboa en el actual Puerto de Hambre, sitio de interés turístico e histórico emplazado en el sector sur de Punta Arenas. Mismas palabras podría ostentar la tumba de savedra, si es que su destino no hubiera sido, como el de tantos otros, una fosa común repleta de cal, desde donde nadie podrá saber jamás que quienes allí descansan son el verdadero milagro chileno. Pero su memoria es la memoria de Formoso, y el olvido de quienes no se acuerdan de más es la memoria de bellezamericana, su intento por hacer de nuestras pequeñas tristezas y fracasos, una patria. 


Puerto Natales, agosto 2014

Trapalanda: la imagen de portada


Un aspecto relevante en el armado del libro "Trapalanda" y su consideración artística como objeto afín al contenido, fue indiscutiblemente el diseño de su portada y todos los aspectos gráficos relacionados, entre otros, la contraportada y la folletería promocional.

Los elementos utilizados para dicho fin fueron pocos, apostando por una sencillez casi minimalista: un indígena, una máscara antigases, un guanaco y una ruma de cráneos humanos. Una vez definido el concepto, la ejecución corrió por cuenta de Eladio Godoy Vera, quién plasmó dichas imágenes en 2 pinturas realizadas con óleo y acrílico en bloc entelado de 30 x 20 centímetros. Finalmente, se realizó el procesamiento de dicho trabajo en Photoshop, a fin de transformarlo a monocromo y superponer al fondo texturado rojo, seleccionado con anterioridad.

La imagen del indígena fue descubierta en la web Corpus Somnium,y según reza su leyenda explicativa, muestra a un Kon o chamán Selk´nam, cuya misión al interior de la comunidad era orientar a los cazadores y curar enfermedades. Recibían su poder de los espíritus de los "chamanes" muertos, quienes se les aparecían en sueños. La fotografía, por cierto, fue tomada por el padre Alberto María de Agostini hacia 1915 en la Isla Grande de Tierra del Fuego. Su elección tuvo que ver con el dramatismo de la pose y la profunda carga simbólica de esas manos en señal de rendición.

  La fotografía original del Kon.

El óleo original de Eladio Godoy Vera: el Kon y su máscara antigases
Un primer tratamiento digital de la imagen.