Irrigo, como un escualo sin mar,
lo escorial de este país,
lo que está fondeado más abajo del hollín
que concibe mi occiso cuerpo
panza abajo.

Desde antes de nacer vengo apilando años,
envejeciendo menos o más
según el fervor de mis propias cláusulas
y el níveo nervio deslizante
de mi karma.

Fealdad es lo que siembro
burlándome del olor que tiene el mar,
unidad es lo que soy
cuando me olvido de mi mismo
y sólo me nombro para ahuyentarme
de un abismo a otro.


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